IV
El teléfono sonaba insistentemente pero Virginia no tenía ganas de atender. Permaneció sentada en el piso hablando con Lina y atiborrándose de Skittles de uva.
—Juan y Sol se pelearon. Parece que es definitivo...
—Te aseguro que estos confites son el mejor invento —comentó Virginia mientras se llevaba un puñado a la boca.
—Dejá de hacerte la tonta, ¿querés? —dijo Cara de Mono mientras se acomodaba el pelo detrás de las orejas—. ¿Para qué mierda invitaste a Santiago Blasco a la fiesta? No le ecuentro ninguna lógica, realmente. Por otra parte, mientras seas mi amiga voy a hacer todo lo posible por mantenerte alejada de ese chico.
Virginia se encogió de hombros imitando a Lucas y no contestó. Además nunca hablaba con la boca llena. Era mala educación. Subió un poco el volumen del equipo de audio para poder disfrutar mejor de una de las canciones de The Smiths.
—No sé qué carajo le ves —continuó Lina—. Cuando lo conocí, me dije: “Este tipo es un taxi boy”.
—Escuchá qué buen tema —dijo al tiempo que le mostraba a Lina una bolsita violeta llena de confites de colores—. ¿Seguro que no querés?
—No, gracias.
—¿Sabés una cosa? Antes pensaba que era muy útil borrar ciertos números de teléfono de las agendas —comentó Virginia mientras tiraba la quinta agenda en el tacho de basura junto con el envase de Skittles vacío—. Pero después... me di cuenta de que en mi cerebro se almacenan todos los teléfonos que deseo olvidar entonces para qué borrarlos, ¿no?
Abrió un atado de cigarrillos y sacó uno. Pero no lo encendió. Simplemente lo sostuvo en la mano durante varios minutos.
—Realmente no te entiendo —tronó Lina—. Sabés perfectamente que Santiago pretende que todos crean que saliendo con vos o respondiendo tus mensajes te está haciendo un favor... cuando el favor se lo estás haciendo vos... Es un pelotudo y un soberbio de mierda.
Había sido Santiago quien dijo: “Te llamo y nos vemos antes de la fiesta. Todavía tenemos que aclarar muchas cosas...” Y si bien Virginia Cherrill se hacía la superada frente a los influjos de Blasco, en el fondo no podía aguantar la espera.
—¿Terminaste? No es muy dulce de tu parte ese comentario,. Tampoco habla muy bien de mí...
—Por supuesto que no —dijo Lina arreglándose el pelo. Tratando de parecer menos alterada de lo que estaba—. Ahora escuchame... Sé que te vas a enojar conmigo pero le avisé a Juan. A él tendrías que haber invitado en lugar de...
—¡Otra vez! —exclamó—. Santiago fue mi novio. Ok? Además es mi fiesta y yo decido a quién invito y a quién no.
Lina encendió un cigarrillo
—Sos grande y sabés lo que hacés. Pero te guste o no, Juan estuvo con vos desde siempre. Es tu mejor amigo. Entonces guardate el orgullo y los celos en el tujes y bancatela. De alguna manera me hacés sentir cómplice de tus boludeces, Virginia. Ponete una pila.
—¿Estás segura que no te jode encargarte de mis peces? —preguntó Virginia.
—Para nada —Lina soltó una bocanada de humo y sonrió.
—Cuidalos bien, no me gustaría enterarme vía mail que alguno de tus gatos salvajes se comió a mis pescaditos. Tampoco los empaches.
—Quedate tranquila que eso no va a ocurrir, corazón —insistió.
Lina se puso de pie y se acomodó la remera negra mientras miraba unos libros que había sobre el escritorio casi vacío. Junto a unos números viejos de la Prytania. Cine y Variedades y la colección completa de Tintin.
—Me los prestó mi hermano la otra noche... pero todavía no conseguí pasar las veinte páginas del primero —dije—. ¿Leíste algo de Okinawa?
Cara de Mono respondió afirmativamente mientras le daba una pitada a su cigarrillo.
—Probablemente venga Mariano Antelo a la fiesta —comentó Virginia mientras jugaba con su cigarrillo apagado, tratando de que su ocurrencia pareciera algo brillante—. Después de tantas charlas teléfonicas y tanto ratoneo creo que nos debemos un algo. Además si es el que me imagino, vale el esfuerzo. Es realmente muy pero muy lindo.
—¡Qué horror, Virginia! No quiero oír más —dijo algo molesta por las boludeces que hacía su amiga—. Se hace tarde. ¿Hay que llevar algo más que la pecera?
Lina apagó su cigarrillo.
—No —señaló Virginia mientras se levantaba de un salto. Abrió uno de los cajones del escritorio y sacó una cajita envuelta en papel barrilete azul.
—Tomá —le dijo a Lina y se la dio.
Ella rompió el papel y descrubió un cassette con marchas patrias. Estaba realmente emocionada. Era el mejor regalo que le podían haber hecho.
—Es el mejor regalo que podías haberme hecho. ¿Cómo las conseguiste?
—Beneficios que tiene ser ex alumna del Colegio...
Cara de Mono se secó las lágrimas y abrazó muy fuerte a la boluda de su amiga.
Agarraron sus respectivas mochilas y salieron de la pieza esquivando la lámpara rota que aún seguía sobre el parqué. Cantando a viva voz:
FEBO ASOMA
YA SUS RAYOS
ILUMINAN EL HISTÓRIO CONVENTO...


